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equipo de la película

No todo está perdido

En los últimos años, el cine peruano ha estado un poco fuera del radar, pero eso no significa que no esté haciendo ruido. Es cierto que aún queda camino por recorrer, pero ¿cómo hemos enfrentado los retos y aprovechado las oportunidades? Vamos a verlo.

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A pesar de los retos que enfrenta el cine independiente en Perú iniciativas recientes demuestran que este sector continúa fortaleciéndose. La ministra de Cultura, Leslie Urteaga, anunció una inversión de 27 millones de soles a través del programa Estímulos Económicos para la Cultura – Edición Bicentenario 2024, destinado a impulsar la producción cinematográfica nacional y descentralizar la actividad en regiones fuera de Lima Metropolitana. Este tipo de políticas busca no solo superar barreras estructurales, sino también consolidar una industria más inclusiva y sostenible.

 

Entre las medidas destacadas está el respaldo económico a proyectos audiovisuales mediante la Dirección de Audiovisuales, Radio y Televisión (DAFO), así como iniciativas como "Butacas Abiertas", que promueve el cine al aire libre en comunidades de difícil acceso. Estos esfuerzos, sumados a los estímulos para producciones regionales y el fomento de la igualdad de género en la industria, subrayan un compromiso estatal con la construcción de un ecosistema cinematográfico diverso y accesible para todos.

 

El camino no está libre de desafíos, pero el avance es innegable. Figuras como Francisco Lombardi destacan la importancia de estas políticas como un paso crucial para garantizar el apoyo estatal y posicionar al cine peruano en el mapa internacional. Así, mientras organizadores y cineastas enfrentan adversidades, la pasión por contar historias sigue siendo el motor que impulsa a la industria, convirtiendo los festivales de cine independiente en espacios de creatividad y esperanza que reflejan la riqueza cultural del Perú.

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