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Gregorio: un viaje cinematográfico a las raíces de la resiliencia peruana

Por: Gabriela Yuliet

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“Gregorio” (1985) se erige como un largometraje emblemático del cine peruano, fruto del trabajo del colectivo Grupo Chaski, conformado por Fernando Espinoza, Stefan Kaspar y Alejandro Legaspi. La película narra la conmovedora historia de Gregorio, un niño andino que emigra a Lima con su familia en busca de un futuro mejor. Sin embargo, lo que encuentra es una ciudad hostil, marcada por la pobreza y la marginación, que lo obliga a trabajar como lustrabotas y a convivir con otros niños que luchan por sobrevivir a través de pequeños delitos. 

A medida que Gregorio y su familia llegan a la capital, se enfrentan a la precariedad y el desarraigo. El padre de Gregorio, un obrero y vigilante de una obra en construcción, simboliza la lucha por la subsistencia en un entorno urbano que pronto se vuelve implacable. La narrativa alcanza un punto crítico cuando el padre enferma y la familia se ve forzada a trasladarse a un asentamiento informal en las afueras de la ciudad. Tras la muerte del padre, Gregorio asume la responsabilidad económica de su hogar, lo que lo lleva a involucrarse con una banda de niños de la calle.

El Grupo Chaski combina de manera magistral documentales y ficción, creando una obra que refleja la dura realidad social y, al mismo tiempo, un relato profundamente humano. Inspirada por la estética del neorrealismo, la película utiliza actores no profesionales y locaciones reales en Lima, capturando la atmósfera de marginalidad y caos urbano. Las tomas abiertas con teleobjetivos intensifican la sensación de hacinamiento y anonimato en la ciudad.

La música de Arturo Ruiz del Pozo, con sus ritmos folclóricos y tropicales, refuerza la identidad cultural y el choque de mundos que Gregorio experimenta. Esta obra no solo se destaca por su contenido social, sino también por su compromiso de acercar el cine a comunidades marginadas, alineándose con el propósito del Grupo Chaski de sensibilizar sobre la realidad peruana a través de un cine comprometido y auténtico.

“Gregorio” se considera un punto de inflexión en el cine peruano, sentando las bases para otros proyectos del grupo, como Juliana (1989), que continúan explorando la vida de los niños en situación de calle y la resistencia ante un sistema que los excluye.

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